
No tengo nada en contra de las mujeres heterosexuales. El problema es cuando “quieren probar”. A veces se trata de llevar a la práctica una fantasía en donde no se sienten culpables por cometer una infidelidad porque no hay penetración. Otras veces se trata de mujeres que se casaron con el novio de toda la vida por cariño, inercia o por no levantar sospechas en el ámbito familiar pero en las que no se ha extinguido el deseo hacia otras mujeres. Resumiendo y utilizando las palabras de mi madre: “Entre el negro y el blanco hay millones de grises”.
Procuro huir de ellas como de la pólvora. Utilizan un lenguaje al que no estoy acostumbrada, muchas veces buscan o esperan encontrar la disposición de roles y suelen tener un marido que me crujiría las rótulas si se enterara, así que mejor no.
Además me parece una frivolidad. Si quieren probar otras sensaciones, pueden apuntarse a un curso de vuelo sin motor o a un taller de cerámica pero no se puede “probar” algo tan importante como la comunicación, el vínculo que establecen dos personas cuando se acuestan juntas como si fuera un cambio de pareja en el campeonato de mus de tu barrio.
Otra cosa muy distinta sería que me llamara Charlize Theron para concertar una cita romántica. Me dejaría romper las rótulas, las tibias y los peronés.
Cierto: hay mucha hetero por ahí que al saber que se es lesbiana, se le encienden las lucecitas de la seducción ... como si nos gustaran todas... T.
ResponderEliminarSi hija, así es.
ResponderEliminarFliparías con los panoramas que una se encuentra por ahí. De analfabetismo emocional profundo, de verdad. Hay gente que es incapaz de entender la diferencia entre fantasía, deseo, realidad e incluso... pornografía.
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